HA PASADO UN TIEMPO ...
Se cierra un ciclo, y siguiendo el protocolo, echamos la llave de nuestro paso por la Academia con un discurso final que nos haga recordar algunos de los momentos que ya han hecho historia y que permanecerán en nuestras mentes para siempre, jamás nadie nos va a poder robar eso.
La vida son pequeños momentos, nosotros o nosotras hemos sabido localizarlos, atraparlos, disfrutarlos, aprovecharlos, ... hemos reído, y reído, y reído aún más, pero también hemos tenido preocupaciones, tensiones, nervios, y lloros.
Me voy a la calle, orgulloso de haber formado parte de un grupo, de una comunidad, de una “generación”. He vivido algo que quería vivir, que tenía que vivir, algo por lo que apostaba a que existía y por lo que he ganado una de las experiencias más bonitas de mi vida.
Cuando empezaba el principio del fin no podía imaginar que esa masa, ese mar de cabezas, esa aula tan inmensa se iba a transformar en un foro de discusión de cabezas pensantes, en un espacio competitivo, en una cancha de juego y que íbamos a conseguir que menguara. El aula fue invadida, al final la tomamos, como perros que marcan su territorio o como colegiales que decoran su clase. Hicimos cálido un lugar frío, ironizábamos nuestra entrada en clase admitiendo ser borregos, explicitando que lo que apunte el profesorado en el encerado lo tomábamos como “verdadero”, ...
Cualquier despunte en una materia podía significar horas y horas de conversación. Ya he olvidado el Sistema Educativo Alemán, pero no ese día, hora y media de conversación, una amiga con lagrimas en los ojos, ...
El verdadero aprendizaje no se da dentro de un aula, o al menos es una de las conclusiones que puedo sacar a día de hoy. La hora de la comida desde el día uno se convirtió en el centro del plan de estudios. Un buen momento para hablar de literatura, moda, televisión, barriadas importantes en el mundo, teorizar sobre la educación, despellejar a alguna compañera o compañero, profesor o profesora o simplemente llegar a la conclusión de que el padre de la “inclusión” estaba entre nosotros.
Si hubiese que establecer un ranking sobre los momentos más destacados de nuestro previo al mundo real, estos podrían ser:
El día que decidimos cambiar el mundo, el día que arrancaba el cambio educativo, el intento de golpe a la cúpula de la facultad. Seguramente poseído y poseídas por las almas del Mayo del 68, que curiosamente el mismo día cumplían 40 años. Nuestra acta y nuestros carteles permanecerán para la eternidad. ¡Hoy no me vas a hundir!.
Otro momento histórico puede ser el día que descubrimos que Candy – Candy no es una persona, sino un estado de apariencia física. Un título de belleza, glamour y sofisticación que todos o casi todas han tenido en algún momento.
Para el recuerdo también el ansia, la impaciencia y la intriga de ver con que modelo, o más bien con que rol nos sorprendía la sin par ... “La Pívot”.
Profesoras extremadamente altas o bajas y feministas, profesores rosas de espíritu y grises de apariencia, profesores protagonistas de sueños, profesores protagonistas de triángulos amorosos, otros han sido centro de flashes y experimentaron ascensos meteóricos, profes alarmantemente malos, profesores que se quitan la alianza antes de clase, ... ellos y ellas nuestros amigos. Las verdaderas estrellas de la Academia, siempre con gafas azules.
Recensiones, ensayos, trabajos y más trabajos. No olvidaré la única vez que he tenido que llamar para decir en el último momento que no podía acudir a hacer un trabajo. El peor día.
La convivencia hace el cariño, el cariño da confianza y la confianza nos lleva a: tener cuidado si jugamos con la botellita de agua porque a alguien le puede molestar, hay que andarse con cuidado de no interrumpir o hablar en un tono alto porque a alguien le puede molestar, hay extremar las precauciones si se habla de quedar para ir a comer porque alguien puede pensar que al final los planes no se van a llevar a cabo ...
Si recordamos momentos de “mal rollo” podemos sacar a la luz, el horror de admitir que se es competitivo, de criticar de punta a punta de clase a nuestras amigas por sus pelos o pos sus zapatos deslumbrantes.
Más momentos importantes son las frecuente, frecuentísimas humaredas, por las que deberíamos haber pagado un pequeño impuesto y gracias a la cual hemos ido más sonrientes a clase.
No podemos olvidar tampoco la naranja gigante de Vélez que alimentó al grupo entero; o la operación bikini, que nos llevo durante días escasos a comer verduras. En mi caso con la supervisión de nuestra teórica.
Alergias, McDonald, estrés, sol en la escalera, café con mucha azúcar y acompañados de hormigas en la parte de atrás, manzanillas gigantes a precio de saldo, madrugones a las 7 de la mañana, plantaciones, diez horas contínuas de clase durante cuatro días, fotos, ... y más.
Ha merecido la pena. Y aunque pasen mil años, seréis mis amigas del último curso de Pedagogía, o mejor, seréis mis amigas del primer año de mi carrera profesional.
La vida son pequeños momentos, nosotros o nosotras hemos sabido localizarlos, atraparlos, disfrutarlos, aprovecharlos, ... hemos reído, y reído, y reído aún más, pero también hemos tenido preocupaciones, tensiones, nervios, y lloros.
Me voy a la calle, orgulloso de haber formado parte de un grupo, de una comunidad, de una “generación”. He vivido algo que quería vivir, que tenía que vivir, algo por lo que apostaba a que existía y por lo que he ganado una de las experiencias más bonitas de mi vida.
Cuando empezaba el principio del fin no podía imaginar que esa masa, ese mar de cabezas, esa aula tan inmensa se iba a transformar en un foro de discusión de cabezas pensantes, en un espacio competitivo, en una cancha de juego y que íbamos a conseguir que menguara. El aula fue invadida, al final la tomamos, como perros que marcan su territorio o como colegiales que decoran su clase. Hicimos cálido un lugar frío, ironizábamos nuestra entrada en clase admitiendo ser borregos, explicitando que lo que apunte el profesorado en el encerado lo tomábamos como “verdadero”, ...
Cualquier despunte en una materia podía significar horas y horas de conversación. Ya he olvidado el Sistema Educativo Alemán, pero no ese día, hora y media de conversación, una amiga con lagrimas en los ojos, ...
El verdadero aprendizaje no se da dentro de un aula, o al menos es una de las conclusiones que puedo sacar a día de hoy. La hora de la comida desde el día uno se convirtió en el centro del plan de estudios. Un buen momento para hablar de literatura, moda, televisión, barriadas importantes en el mundo, teorizar sobre la educación, despellejar a alguna compañera o compañero, profesor o profesora o simplemente llegar a la conclusión de que el padre de la “inclusión” estaba entre nosotros.
Si hubiese que establecer un ranking sobre los momentos más destacados de nuestro previo al mundo real, estos podrían ser:
El día que decidimos cambiar el mundo, el día que arrancaba el cambio educativo, el intento de golpe a la cúpula de la facultad. Seguramente poseído y poseídas por las almas del Mayo del 68, que curiosamente el mismo día cumplían 40 años. Nuestra acta y nuestros carteles permanecerán para la eternidad. ¡Hoy no me vas a hundir!.
Otro momento histórico puede ser el día que descubrimos que Candy – Candy no es una persona, sino un estado de apariencia física. Un título de belleza, glamour y sofisticación que todos o casi todas han tenido en algún momento.
Para el recuerdo también el ansia, la impaciencia y la intriga de ver con que modelo, o más bien con que rol nos sorprendía la sin par ... “La Pívot”.
Profesoras extremadamente altas o bajas y feministas, profesores rosas de espíritu y grises de apariencia, profesores protagonistas de sueños, profesores protagonistas de triángulos amorosos, otros han sido centro de flashes y experimentaron ascensos meteóricos, profes alarmantemente malos, profesores que se quitan la alianza antes de clase, ... ellos y ellas nuestros amigos. Las verdaderas estrellas de la Academia, siempre con gafas azules.
Recensiones, ensayos, trabajos y más trabajos. No olvidaré la única vez que he tenido que llamar para decir en el último momento que no podía acudir a hacer un trabajo. El peor día.
La convivencia hace el cariño, el cariño da confianza y la confianza nos lleva a: tener cuidado si jugamos con la botellita de agua porque a alguien le puede molestar, hay que andarse con cuidado de no interrumpir o hablar en un tono alto porque a alguien le puede molestar, hay extremar las precauciones si se habla de quedar para ir a comer porque alguien puede pensar que al final los planes no se van a llevar a cabo ...
Si recordamos momentos de “mal rollo” podemos sacar a la luz, el horror de admitir que se es competitivo, de criticar de punta a punta de clase a nuestras amigas por sus pelos o pos sus zapatos deslumbrantes.
Más momentos importantes son las frecuente, frecuentísimas humaredas, por las que deberíamos haber pagado un pequeño impuesto y gracias a la cual hemos ido más sonrientes a clase.
No podemos olvidar tampoco la naranja gigante de Vélez que alimentó al grupo entero; o la operación bikini, que nos llevo durante días escasos a comer verduras. En mi caso con la supervisión de nuestra teórica.
Alergias, McDonald, estrés, sol en la escalera, café con mucha azúcar y acompañados de hormigas en la parte de atrás, manzanillas gigantes a precio de saldo, madrugones a las 7 de la mañana, plantaciones, diez horas contínuas de clase durante cuatro días, fotos, ... y más.
Ha merecido la pena. Y aunque pasen mil años, seréis mis amigas del último curso de Pedagogía, o mejor, seréis mis amigas del primer año de mi carrera profesional.
Ana, Carmen, Charo, Elena, Eli, Laura, Mari, Piedy, Pilar, Virginia.

